jueves, 19 de junio de 2014

ANSIEDAD, RELAJACIÓN, DIAFRAGMA Y RESPIRACIÓN

¡La tensión y el estrés que sufro últimamente me producen dolores de espalda y malestar general!.

Aunque siempre lo he escuchado, esta frase empieza a ser más que habitual en nuestro Centro, ya que en ocasiones estamos sometidos a tal nivel de estrés, que poco a poco nos va generando malestar físico y mental.



No siempre podemos solucionar o hacer aquello que nos gustaría, en esos casos, nos toca aceptar las nuevas situaciones de la mejor manera posible. Mejorar aunque sea un poco nuestro estado corporal y psicológico, es posible; y para ello quiero hablaros de la importancia que tiene el diafragma y la respiración, ya que un cuerpo estresado y tenso puede hacer que un simple golpe se traduzca en una grave lesión.

Para entender la relación existente entre el diafragma, nuestro estado anímico, y las consecuencias que esto produce, es necesario conocer qué es, cómo es, y cuáles son sus funciones.

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El diafragma tiene forma de bóveda, separando el tórax del abdomen. Está formado por dos cúpulas, encontrándose la derecha más elevada que la izquierda, por su interferencia con el hígado; la parte superior, está formada por el centro frénico, centro tendinoso donde se apoya el corazón; presenta orificios por donde pasan estructuras importantes, como la aorta, el esófago o la vena cava; y se sujeta a la zona lumbar por dos pilares.

Podríamos decir que en él se "enganchan" los pulmones, vasos, corazón, esófago, tráquea, faringe, músculos del cráneo... Lo que hace que no sólo sea el músculo respiratorio por excelencia, su ascenso y descenso en la respiración, activa el movimiento de los órganos, ayudando a su buen funcionamiento.

Al inspirar, el diafragma se contrae y desciende (tirando de la base del cráneo), ayudando a que el aire entre en la parte inferior de los pulmones, y al expirar, se relaja produciendo la salida del aire.

El bloqueo de este potente músculo, puede generar dolores de espalda, bloqueos costales, interferir en nuestro estado general, en el mal funcionamiento de órganos...

Hacer respiraciones abdominales, también llamadas diafragmáticas, profundas o completas, favorecen un estado mental sosegado, reduce la presión sanguínea y disminuye el ritmo cardíaco, dándole al cuerpo más oxigenación con menor esfuerzo. Por el contrario, una respiración incompleta, hace que el aire entre sólo en la parte media y superior de los pulmones, lo que impide una oxigenación eficaz de la sangre.


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Los estados de alerta alteran el proceso respiratorio. Las fibras del diafragma se contraen generando dolores corporales y haciendo que el movimiento de los órganos se vea afectado.

Se podría decir, que el cuerpo tiene memoria; cuando sus fibras se contraen, al sufrir ciertas emociones, éstas pueden no quedar estiradas y colocadas correctamente, produciendo bloqueos diafragmáticos. Estos bloqueos interfieren en nuestro equilibrio psicofísico, pudiendo generar cansancio, angustia, miedo, rabia, sensación de ahogo, tensión muscular...

La relajación, meditación, ejercicios específicos y el desbloqueo diafragmático, entre otras técnicas, ayudan a liberar las tensiones acumuladas, consiguiendo un buen funcionamiento del diafragma, y ayudando, por lo tanto, a aquellas estructuras relacionadas con él.

La relajación, es un estado del cuerpo y la mente, que se alcanza de manera progresiva. Con ella se liberan tensiones, aumenta los niveles de concentración, mejora el estado muscular, y puede ser de gran ayuda a la hora de manejar y asumir ciertas situaciones.

Una vez desbloqueada la tensión acumulada del pasado, la cuestión a plantear ahora, sería cómo afrontar los estados de ansiedad y los problemas que encontramos en el día a día; para ayudarnos en esto, el psicólogo colegiado Javier Verdú García, ha escrito para nuestro post lo siguiente:

La ansiedad es un concepto que todos hemos utilizado en alguna ocasión. La RAE define la ansiedad como un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. Cuando decimos que tenemos ansiedad seguramente estamos haciendo referencia a alguno de los términos que incluye la definición de la RAE. 

¿Cuál es el origen de la ansiedad?. Esa es una pregunta que el mundo de la medicina en general y de la psicología en particular ha intentado responder. 

Existen cuatro teorías fundamentales que intentan dar respuesta a esa pregunta:

El modelo cognitivo dice que lo fundamental está en las cogniciones. Así pensamos así sentimos. La ansiedad sería un producto de nuestros pensamientos negativos. 

El modelo de la exposición sugiere que la ansiedad surge de la evitación. El resumen sería que la angustia se origina al no afrontar y evitar las cosas que tememos.

El modelo de la emoción oculta explica la ansiedad como un proceso oculto. Al esconder nuestras verdaderas emociones “debajo de la alfombra” estamos generando ansiedad. Este modelo está relacionado con las personas que se esfuerzan en agradar a los demás a costa de sus propios deseos y emociones.

El último modelo sería el modelo biológico, que explica la ansiedad como un desequilibrio químico del cerebro. 

Estos modelos dan explicaciones muy distintas a un mismo problema por lo que la pregunta evidente sería qué modelo es el correcto. Elegir un único modelo como válido sería un error ya que todos ellos, fundamentalmente los tres primeros, se encuentran interrelacionados. A la hora de afrontar la ansiedad como problema a tratar deberíamos tener en cuenta todos los modelos para realizar un plan terapéutico. Sin embargo, hay un aspecto de nuestra salud que se ve afectado por la ansiedad independientemente del origen de la misma. Nuestro cuerpo es, en último termino, el “sufridor” directo de la ansiedad. Estados prolongados de estrés generan un aumento significativo de tensión muscular. La tensión muscular es una respuesta natural de nuestro cuerpo ante situaciones de estrés que nos prepara para atacar o huir. Dicha respuesta tenía sentido en un entorno natural hostil, pero nuestro cuerpo no sabe si estamos huyendo de un león o tenemos problemas en el trabajo, simplemente se prepara para responder a la amenaza que nos ha generado la ansiedad. 

Abordar la ansiedad es necesario pero también lo es afrontar y tratar sus secuelas físicas ya que éstas, a diferencia de las psicológicas, se mantienen una vez han desaparecido nuestros problemas de ansiedad. 

El masaje es una técnica ideal para estos casos que ofrece una gran ayuda y un complemento perfecto para combatir situaciones de estrés. Sería importante destacar que la relación entre nuestras emociones y nuestro cuerpo es bidireccional. La ansiedad genera tensión muscular que prolongada en el tiempo se traduce en multitud de problemas, pero también nuestro estado físico influye en nuestras emociones.